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El Profesor D. Francisco Grande Covián: Semblanza nutricional de un gran científico

El Profesor D. Francisco Grande Covián: Semblanza nutricional de un gran científico

Discurso Académico de Honor de la Academia Española de Nutrición y Ciencia de los Alimentos

Introducción
Excelentísimos e Ilustrísimos Señores. Señoras y Señores:
Quiero agradecer al Excelentísimo Sr. Presidente de la Academia Española de Nutrición Luis Serra Majem y a los Ilustrísimos. Sres. académicos el honor que me conceden al elegirme Académico de Honor de esta Ilustre Corporación. Tengo por una parte una gran satisfacción personal por esta distinción que recibo, pero por otra, un gran temor de no estar convencido de merecerlo.


La propuesta que me hizo el Dr. Javier Aranceta Bartrina para mi presentación me llena de también de satisfacción porque se trata de presentarles a Vds. de una forma breve la semblanza nutricional del profesor Grande Covián, don Paco, al que le tengo una profunda admiración, con el que tuve la suerte de recibir sus sabias enseñanzas durante 17 años y al que le debo mi afición por la investigación. A él le dedico la distinción que me hacéis.


Con el objeto de exponerles a Vds. la semblanza de este gran científico he creído conveniente llevar a cabo un repaso cronológico de su vida e ir resaltando sus aportaciones más relevantes en el campo de la nutrición.


Sus primeros años.
Francisco Grande Covián
nació el 28 de junio de 1909 en Colunga (Asturias) y falleció en Madrid el día que cumplía 86 años. El padre de don Paco, don Emilio Grande de Riego, nació en Muros de Nalón y llegó a Colunga en 1905 para ejercer de médico, al poco tiempo se hizo amigo de don Ricardo Covián Junco, que también era médico aunque no se dedicaba a la práctica de la medicina. Don Ricardo era un gran aficionado a la historia y evolución de la ciencia. Con sus visitas a la casa de los Covián, don Emilio conoció a la hija de don Ricardo, María Esperanza con la que se casó en 1908.


La primera infancia de don Paco transcurre en Colunga en un ambiente muy unido a su abuelo materno quien le enseña a leer y a escribir antes de empezar sus estudios en el colegio de las monjas del pueblo. En 1918 su padre se trasladó a Oviedo para trabajar como médico en el Sanatorio Getino. Allí don Paco asistió a la academia Siero donde estudió el preparatorio para el bachillerato. En 1919 tras el examen de ingreso de bachillerato ingresó en el Instituto de la calle Caveda de Oviedo donde ya destacó como estudiante obteniendo un elevado número de matrículas de honor. Desde pequeño se orientó hacia la Medicina igual que su abuelo Ricardo, su padre, sus tíos materno Manuel Covián y paterno Arcadio Grande. Su biógrafo Marino Gómez Santos dijo de él en su biografía “Nació médico por herencia genética” (1).


Etapa de estudiante de Medicina.
En 1926 ingresó en la Facultad de Medicina de Madrid y se aloja en la Residencia de Estudiantes situada en los Altos del Hipódromo, lugar que Juan Ramón Jiménez denominó “La Colina de los Chopos”. La Residencia pertenecía a la Institución Libre de Enseñanza y por aquel entonces estaba dirigida por el Profesor Alberto Jiménez Fraud. En la residencia se despertaron en don Paco, dos de sus grandes pasiones, por una parte su afición a la música de manos del residente Jesús Bal y Gay, músico y compositor que era el encargado de la educación musical de los residentes, y por otra su pasión por la investigación de manos de su amigo Severo Ochoa que en 1928 le introdujo en el Laboratorio de la Junta de Ampliación de Estudios que dirigía el Catedrático de Fisiología Profesor Juan Negrín en la Residencia de Estudiantes. Don Paco reconocía la importancia que tuvo en su vida la Residencia “Mi ingreso en la residencia marcó mi vida, porque allí decidí mi vocación científica, mi propósito de dedicarme a la investigación, para lo cual renunciaba a la práctica de la medicina” (1).


En 1928 ingresa también en la Residencia su hermano, Ricardo, hombre al igual que don Paco muy estudioso. Ricardo gustaba de estudiar de madrugada para repasar los temas de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, en cambio Francisco, por el contrario prefería la noche para el trabajo. Los otros residentes decían que en la habitación de los hermanos Grande no se apagaba nunca la luz.


En 1929 como consecuencia de la situación política, la dictadura del General Primo de Rivera cerró la Universidad de Madrid. Don Paco de acuerdo con sus padres y aconsejado por el Profesor Negrín se desplaza para continuar sus estudios de Medicina a la Universidad de Friburgo, Alemania, y de esta forma no perder curso. En Friburgo en el Laboratorio de neurofisiología del profesor Paul Hoffmann estudia los reflejos espinales en la tortuga de agua dulce, en ranas y en gatos descerebrados. Este trabajo sobre los reflejos espinales le sirvió, en parte, para elaborar su tesis doctoral. A su regreso de Friburgo don Paco se incorpora de nuevo a la Facultad de Medicina y continúa junto con Severo Ochoa trabajando en Laboratorio de la Junta para la Ampliación de Estudios en la Residencia de Estudiantes. En el año 1931 finaliza la carrera de Medicina, se presenta para premio extraordinario y obtiene ante el tribunal el Premio Extraordinario de Licenciatura de su promoción. En 1932 publicó su primer trabajo en colaboración con Ochoa en la Revista Española de Biología sobre la variación de la concentración de fosfágeno después de la extirpación de las suprarrenales y casi al mismo tiempo en alemán (2). En septiembre de 1932 leyó su tesis doctoral titulada “Sobre algunos fenómenos reflejos producidos en la médula por interferencia de excitaciones de distinta naturaleza”, obteniendo la máxima calificación, a sus 23 años ya era doctor.


Etapa postdoctoral.
Su etapa postdoctoral transcurre en diferentes laboratorios, en primer lugar se desplaza al Laboratorio de Fisiología del Ejercicio dirigido por el Profesor August Krogh al que se le había concedido en 1920 el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Grande permanece dos años (1932-1933) en Copenhague donde realiza estudios de la función renal durante el ejercicio, cambios en la actividad osmótica del plasma y desarrolla un micrométodo para determinación de creatinina. En Copenhague hizo lo que probablemente fue su primer experimento de nutrición: “Efecto de la dieta sobre el ejercicio físico”. En este experimento demostró que una persona se fatiga con mayor rapidez durante el ejercicio físico intenso, si consume una dieta rica en grasa. Si se administra glucosa, se recupera rápidamente, pero no la oxida porque no se eleva su cociente respiratorio, con lo que él concluye que la fatiga no es consecuencia de la falta de combustible metabólico del músculo que puede utilizar ácidos grasos como combustible sino la falta de combustible del sistema nervioso. La fatiga es consecuencia de la falta de combustible metabólico para el cerebro, órgano que utiliza preferentemente glucosa como fuente de energía.


El profesor Krogh le propone continuar su formación postdoctoral en Londres en el laboratorio del Profesor Sir Charles Lovatt Evans que es considerado uno de los grandes expertos mundiales en metabolismo de los hidratos de carbono. El tiempo que media entre la finalización de su estancia en Copenhague y su incorporación al de Lovatt Evans en Londres lo aprovecha consiguiendo, mediante recomendación del Profesor Krogh, ser admitido en el Laboratorio de Profesor Torsen Thunberg en Lund (Suecia). El Dr. Thunberg era especialista en el estudio de las deshidrogenasas. En Lund, Grande trabaja intensamente y demuestra que las semillas tienen deshidrogenasas específicas para el ácido palmítico y esteárico, lo que hoy se conoce como delta desaturasas, es decir, descubre la delta 7 y delta 9 desaturasa de los ácidos grasos (3).


En enero de 1934 se incorpora al laboratorio de Lovatt Evans en Londres. Allí ideó un sistema de perfusión del corazón que permite medir el consumo de oxígeno y lactato de perros normales y diabéticos. Este método ha quedado como uno de los clásicos en los libros de Fisiología. Además realiza estudios sobre los combustibles metabólicos del corazón publicando varios artículos sobre este tema (4-6).


A primeros de noviembre de 1934, Grande regresa a Madrid, hace oposiciones para profesor auxiliar de cátedra y el Profesor Juan Negrín le encarga impartir las clases teóricas, seminarios y prácticas a los alumnos de segundo curso de la Facultad de Medicina. En la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid (actualmente Universidad Complutense) organiza un curso de Fisiología sobre sustancias relacionadas con la nutrición mientras trabaja en el laboratorio. A principios de 1936 dada la situación en que se encontraba por aquel entonces la enseñanza universitaria y la investigación solicita una beca a la Real Academia Nacional de Medicina para ir al Laboratorio de Otto Meyerhof en Heidelberg, beca que le fue concedida pero que no llegó a disfrutarla porque el 18 de julio de este año estalló la Guerra Civil y no se le concede el pasaporte.
Periodo de la Guerra Civil.
Por encargo de Negrín se ocupó durante la Guerra Civil de la Secretaria de la Facultad de Medicina y de reorganizar el Laboratorio del Hospital Provincial. Con la docencia suspendida Grande realizó fundamentalmente tareas burocráticas.
Cuando cesaron los combates en la Ciudad Universitaria Grande decidió sacar la Biblioteca de la Facultad de Medicina de gran valor bibliográfico, con la ayuda de uno de los vigilantes consigue trasladar libro a libro toda la biblioteca a través de las trincheras.


En 1937 recibe el ofrecimiento de una beca Rockefeller por parte del profesor August Krogh para ir de nuevo a Copenhague, pero Negrín le hace desistir por la necesidad de sus servicios en Madrid. Se le encarga de evaluar las necesidades nutritivas de la población y se le nombra subdirector del Instituto Nacional de Higiene de la Alimentación. En este instituto se abrió una consulta para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades nutricionales donde recibían pacientes desde los distintos centros de Madrid. Junto los doctores Francisco Jiménez, Manuel Peraita y Márquez Cosín organiza la distribución de complejos vitamínicos y aceite de hígado de bacalao. Como consecuencia de la restricción calórica pronto comenzaron los problemas carenciales en la población madrileña.


A principios de 1938 se empezaron a ver los primeros pacientes con lesiones cutáneas en el cuello, dorso de las manos y pies, así como trastornos gastrointestinales, psíquicos y neurológicos. Grande conocía muy bien los síntomas y signos de la pelagra “mal de la rosa” a través del libro que tenía su abuelo Ricardo Covián en la biblioteca de Colunga “La Historia Natural y Médica del Principado de Asturias” del doctor Gaspar Casal, edición póstuma de 1762. Por aquel entonces, Conrad Elvehjem había observado que la pelagra experimental en el perro que le produce el ennegrecimiento de la lengua “black tongue” se podía tratar con extracto de hígado e identificó el ácido nicotínico como vitamina antipelagrosa (7,8). Este descubrimiento de Elvehjem llego a manos de Grande a través del Dr. José Puche director del Instituto que recibía en la Universidad de Valencia las revistas científicas extranjeras. Los resultados de Elvehjem se diseminaron rápidamente y ya en enero de 1938 el Dr. Tom Spies presentó en la Central Society of Clinical Research su primera experiencia clínica exitosa en humanos sobre el tratamiento de la pelagra con ácido nicotínico y por este avance la revista Times nombró a Spies en 1938 “Man of the Year”. Con ayuda de uno de los químicos del Instituto, don Ángel del Campo, Grande consiguió fabricar ácido nicotínico a partir de la nicotina que fue requisada en establecimientos de productos agrícolas y de jardinería. Al ir aumentando el número de pacientes se hizo necesario fabricar más ácido nicotínico y esto se hizo en la Universidad de Valencia con la colaboración del Dr. Vicente Gómez Aranda. El ácido nicotínico era administrado en vena por lo que el tratamiento era casi inmediato en los pacientes. En el Instituto se llegaron a tratar con ácido nicotínico a más de 3.500 enfermos de pelagra y otros muchos en la Clínica Psiquiátrica y en el Hospital General.


En el curso del tratamiento, Grande y sus colaboradores, se dieron cuenta que con el ácido nicotínico no conseguían curar todos los síntomas de la pelagra, por ejemplo no eliminaba los trastornos oculares ni neurológicos. El Dr. Manuel Peraita lo describió como “el síndrome parentésico causálgico”, este síndrome mejoraba con la administración de levadura de cerveza, años mas tarde se descubrió que se trataba de la carencia conjunta de ácido pantoténico y nicotínico.


A pesar de todo este esfuerzo por mejorar la calidad de vida de los españoles durante la Guerra Civil, al finalizar esta, se le separó de la universidad y sancionó con la imposibilidad de presentarse a las  oposiciones de cátedra durante un periodo de 10 años. Fue denunciado por “colaboracionista” y estuvo a punto de ser detenido. Se refugió durante tres meses en Las Cañadas, una finca próxima a Ubeda de su amigo Francisco Jiménez, allí redactó los trabajos de sus investigaciones sobre las enfermedades carenciales durante la guerra, que serían publicados en la Revista Clínica Española y en la Revista de Sanidad e Higiene Pública. Juan Velarde dijo de él de forma muy acertada “El pueblo de Madrid tiene una deuda impagada con Francisco Grande”.


Periodo de la postguerra.
Después de la Guerra trabaja en el Instituto Ibys preparando vitaminas y escribiendo un tratado sobre las vitaminas. En 1940 el Dr. Carlos Jiménez Díaz y le invita a ocupar el cargo que había dejado el Dr. Severo Ochoa en el Instituto de Investigaciones Médicas. Jiménez Díaz conocía muy bien a Grande, había formado parte del tribunal que le concedió el Premio Extraordinario de Licenciatura y seguido su trayectoria científica, así como la labor humanitaria y científica de Grande durante la Guerra Civil. En este Instituto Grande desarrolló importantes
trabajos de investigación sobre la diabetes en perros pancreatectomizados o en diabetes inducida con aloxana con los doctores José Carlos de Oya, José Luis Rodríguez Miñón y Carlos Jiménez Díaz, publicando más de 30 trabajos sobre este tema (8,9). Se le nombró director del Departamento de Fisiología del instituto, allí fue donde conoció a Gloria Mingo la que seria su esposa, su mejor colaboradora en todos los aspectos tanto científicos como humanos, y con la que se casó el 31 de marzo de 1941.


La Fundación Rockefeller le concede una beca para estudiar junto al Dr. Juan Rof Carballo el déficit nutricional en los niños de la posguerra en Vallecas comparándolos con los alumnos de un colegio de Madrid. Los resultados se publicarían en varios trabajos entre 1943 y 1944 (10-12).


El director del Instituto Británico de Madrid, Waltet Starkie, intercede para que pueda desplazarse a Inglaterra y le concedieran una beca del British Council. En 1949 se desplaza a Cardiff al Laboratorio del Dr. Derek Richter donde realiza un estudio sobre el transporte de fósforo en la médula (13) y finaliza la traducción del libro de Starling (14).


En 1950 después de haber cumplido con la injusta sanción de poder presentarse a cátedras, obtuvo por oposición la Cátedra de Fisiología y Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza. Se encontró con un Departamento de Fisiología abandonado y con muchas dificultades con lo cual se vio obligado a empezar desde cero. Durante su estancia en Zaragoza, a pesar de todas las dificultades económicas y burocráticas que se le impusieron, aun consiguió realizar alguna labor investigadora (15). Desgraciadamente su paso por la Universidad de Zaragoza aunque fructífero desde el punto de vista académico fue muy breve. Don Paco se vio obligado a renunciar a esta cátedra años más tarde, debido a la situación política, trabas y penurias económicas que le impedían desarrollar una labor investigadora de acuerdo a sus inquietudes.


Etapa americana.
En 1952 se celebra en Madrid una reunión patrocinada por la FAO donde se tratarían problemas de la desnutrición a la que asiste el Dr. Ancel Keys, éste discípulo de Krogh, había conocido a Grande en Copenhague en su época de becario y era buen conocedor de su labor durante la Guerra Civil. Keys le propone irse a Estados Unidos ofreciéndole un puesto de profesor en la Universidad de Minnesota. Unos meses después Grande recibe la carta proponiéndole una plaza de Profesor Asociado del Laboratorio de Higiene Fisiológica de la Universidad de Minnesota para dirigir un programa sobre la restricción alimenticia, dieta mínima suficiente, encargado por el ejército americano a dicha universidad, continuación del conocido como “Experimento de Minnesota”. En diciembre de 1953 inicia su viaje hacia Minneapolis donde permaneció investigando durante más de 20 años debajo de las gradas del estadio de futbol en el Departamento de Higiene Fisiológica del Hospital Mount Sinaí desarrollando las siguientes líneas de investigación:

  1. Estudios sobre la restricción calórica y el ayuno, sobre el metabolismo energético, la composición corporal y la capacidad física;
  2. Fisiología comparada estudiando las diferencias de las hormonas lipolíticas entre mamíferos y aves; y
  3. Desarrollo de la hipótesis lipídica de la arteriosclerosis, estudiando el efecto de las grasas de la dieta y otros componentes sobre los niveles de colesterol plasmático.


Los experimentos que realizó Grande en Minneapolis sobre restricción calórica fueron llevados a cabo con jóvenes voluntarios, la mayoría de ellos objetores de conciencia. Don Paco demostró que se conseguía una adaptación a la restricción calórica dentro de ciertos límites y que nuestro organismo pone en juego toda una serie de mecanismos para adaptarse y descifró los distintos factores que intervienen en la adaptación calórica. Observó que parte de la pérdida de peso se debía a la pérdida de agua corporal. Por otra parte, mostró que lo que es fundamental es el aporte hídrico y que es muy difícil el adaptarse a la restricción de agua, la cual causa graves trastornos en la regulación térmica y en la eliminación de nitrógeno proteico (16-19). Gracias a estos estudios, años más tarde, se dio cuenta que varios artículo relativos a la pérdida de peso corporal que habían sido publicados utilizando dietas “milagro” contenían importantes errores de cálculo considerando una pérdida de grasa lo que en realidad era una pérdida de agua. Grande rebatió estos estudios en un artículo publicado en el año 1968 que marcó un hito en la experimentación con dietas para reducir peso corporal (20).


Se había demostrado que el glucagón, hormona pancreática, ejercía un efecto descendiendo el colesterol en humanos. Teniendo en cuenta este hecho, Grande, inicia toda una serie de estudios comparando el efecto del glucagón en aves y mamíferos demostrando que esta hormona en las aves es la más importante en la movilización de la grasa corporal, pero no es así en mamíferos, por otra parte, observó que las aves son poco sensibles a los efectos de la insulina y las catecolaminas (21-24).


Durante su estancia en el Laboratorio de Higiene Fisiológica del Hospital Mount Sinaí, conjuntamente con los doctores Ancel Keys y Joseph Anderson, llevaron a cabo los estudios de los efectos de la grasa de la dieta sobre el colesterol plasmático, elaborando una ecuación conocida como la “Ecuación de Keys, Anderson y Grande” que nos permite predecir los cambios que vamos a observar en el colesterol plasmático si conocemos el cambio en la composición de ácidos grasos de la dieta y el cambio en el contenido de colesterol de la misma (25-28). Los resultados de sus investigaciones sobre el efecto de la dieta y los consejos derivados de su teoría lipídica han permitido descender la mortalidad cardiovascular y han salvado millones de vidas humanas. Gracias a sus trabajos conocemos que las grasas saturadas aumentan el colesterol de la sangre, y que las monoinsaturadas o polinsaturadas descienden el colesterol plasmático.


Su regreso a España.
En 1974 se jubiló en Estados Unidos y vuelve a Zaragoza para hacerse cargo del Instituto de Nutrición Juan Carlos I y poco después es nombrado Catedrático Extraordinario de la Universidad de Zaragoza. Muchas personas pensaron que cuando don Paco regresa de Estados Unidos, era para jubilarse en España, y que su actividad científica se reduciría a dar conferencias y recibir homenajes. Nada más lejos de la realidad, en este periodo que él denominaba de «mi reencarnación» tuvo una fructífera producción científica original, resultando difícil el enumerar todos los temas de investigación que abordó. Estableció colaboraciones con otros departamentos universitarios y sanitarios que permitieron desarrollar y abrir nuevas líneas de investigación.


Uno de sus primeros trabajos a su regreso fue el estudio sobre la composición del calostro y leche humanos. Durante la década de los años setenta se había despertado un gran interés por el estudio de la composición química de la leche humana y en particular de los ácidos grasos, ante su posible influencia sobre el desarrollo infantil, y también sobre las variaciones de los niveles de lípidos plasmáticos. Los estudios abordados por el Dr. Grande permitieron aportar datos originales sobre la composición de la leche humana de nuestro país y posibilitaron la demostración de que era diferente en cuanto a la composición en ácido linoléico a la observada en otros países, como consecuencia de la diversidad de hábitos alimenticios. Otro aspecto importante de este estudio fue la demostración del alto porcentaje de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga presentes en la grasa de la leche humana, que sin duda son de gran importancia como fuente ácidos grasos para el niño en desarrollo (29).


Otros estudios que abordó en colaboración con los Departamentos de Pediatría, Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza fueron el metabolismo lipídico del recién nacido y del metabolismo lipídico durante la gestación. En su laboratorio de Zaragoza se realizaron diversas tesis doctorales que permitieron demostrar que el nivel de colesterol plasmático de los recién nacidos era independiente de la raza, lugar de nacimiento, genero del recién nacido e incluso de los niveles de colesterol y lípidos plasmáticos maternos. Otra observación importante fue el hecho de que el colesterol transportado por las lipoproteínas de alta densidad (HDL) en el recién nacido venían a suponer el 50 por ciento del colesterol total y que la concentración plasmática del colesterol en las lipoproteínas de baja densidad (LDL) era de unos 25-35 mg/dL. Cifra óptima para la captación por parte del receptor de las LDL, dato que difiere significativamente del adulto (30-32). Al propio tiempo que realizaba los estudios sobre los recién nacidos inició un trabajo de investigación sobre los cambios en el metabolismo lipídico que tienen lugar durante la gestación. Como comentaba don Paco, no se debía a una vocación tardía suya por la Obstetricia, sino al modelo experimental que ofrece el embarazo. Fruto de sus estudios, fueron la demostración de que la hiperlipidemia gestacional se hace más acusada durante la segunda mitad del embarazo y que ésta obedece a factores hormonales que provocan una elevada lipólisis, con el consiguiente aumento de ácidos grasos libres, de esta forma, la madre utiliza como sustrato energético preferentemente grasa, reservando la glucosa para las demandas nutricionales del feto (33-35).


El abordaje del estudio del metabolismo de los lípidos y su relación con la arteriosclerosis fue cambiando a lo largo de los tiempos. Los estudios iniciales de los investigadores en este campo, entre los que se encontraba Grande Covián, se centraban en el estudio de los lípidos, pero más adelante se vio que tenía una gran importancia la distribución de los lípidos entre las distintas lipoproteínas y las enzimas implicadas. A su vez, se observó un interés creciente por la parte proteica de las lipoproteínas, las apolipoproteinas y los receptores implicados en la retirada de estas lipoproteínas del plasma sanguíneo. El Laboratorio de Grande del sótano de la Facultad de Ciencias fue pionero en la implantación de técnicas para el análisis de las distintas fracciones de lipoproteínas, el análisis de las apolipoproteinas mediante inmunodifusión radial e inmunoelecroforesis, así como de enzimas relacionadas con metabolismo lipídico (34,36).


En la década de los años 80 y principios de los 90, se había conseguido mapear y secuenciar los genes de las proteínas implicadas en el metabolismo lipídico. También, durante este período, se habían conseguido desarrollar técnicas de biología molecular que permitían abordar el estudio de estos genes. En 1987 bajo la dirección del Dr. Grande y con la ayuda de uno de sus discípulo más destacados, el Dr. José M Ordovás, abordamos el estudio de mutaciones en los genes de algunas apolipoproteínas, que continuó con el de las mutaciones en el gen del receptor de las LDL, analizando su relación con distintas dislipidemias hereditarias y en la interacción gen-nutriente o gen-fármaco. Esta línea de investigación ha continuado como una de las líneas de investigación en el Departamento de Bioquímica, Biología Molecular y Celular que él fundó.


Grande consiguió montar un excelente laboratorio en sótano de la Facultad de Ciencias contando con muy pocos medios, era un lugar que se le habilitó y donde anteriormente había el trastero de la Facultad. A pesar de su gran talla científica, don Paco se conformaba con muy poco, conseguía que su laboratorio funcionara a pleno rendimiento con muy poco dinero. Gracias a su entusiasmo, en muy poco tiempo consiguió un laboratorio en el que se utilizaban técnicas de lo más avanzadas para aquella época: espectrofotométricas, electroforéticas, inmunoquímicas, cromatográficas, etc, aplicadas al análisis de lípidos, lipoproteínas y enzimas del metabolismo lipídico. Con frecuencia acudían profesionales de otros laboratorios para aprender estas nuevas técnicas.


Quiero resaltar la calidad de don Paco como docente, siempre aprendíamos sus enseñanzas de una forma que denominábamos «por ósmosis», es decir, bastaba escucharle cuando él hablaba, y en el momento que te decía: «Como Vd. sabe» prestar la máxima atención, porque se trataba de algo que, casi seguro, no sabias y además se trataba de un punto clave en la conversación que resultaría ser de sumo interés. Se puede decir que Grande Covián fue uno de los profesores que trasmitía a sus alumnos no solo conocimiento sino una gran humanidad, envuelto siempre del gran sentido de humor que siempre le acompaño. A su clase de Bioquímica que impartía a los estudiantes del último curso de Ciencias Químicas acudíamos sus colaboradores y no conozco a nadie que diera las clases tan amenas y tan claras como lo hacia él. Tenía una capacidad memorística extraordinaria, que le permitía recordar anécdotas, con toda clase de detalles, incluido fechas, sobre el tema que estaba explicando. Sus clases siempre fueron muy concurridas y no digamos las de su curso de doctorado: «Nutrición y Química de los Alimentos«, que eran seguidas, además de por los estudiantes matriculados, por otros profesores de la universidad entusiastas del tema. En la Universidad de Zaragoza es recordado como uno de los mejores docentes que han pasado por sus aulas. No había clase o conferencia de don Paco que no tuviera una introducción histórica como marco de referencia, nombrando en repetidas ocasiones a Antonie Lavoisier por ser considerado el padre de la Bioquímica “La vida es una función química” y el conocimiento científico de la nutrición, a François Magendie por ser el descubridor de la necesidad de las proteínas en la nutrición y las necesidades esenciales de determinado tipo de proteínas, a Claude Bernard, el autor de “Introducción al estudio de la medicina experimental”, a Eugene Chevreul, por haber aislado el colesterol y demostrar que las grasas eran ésteres de glicerina y ácidos grasos, y como no, a su amigo y compañero Severo Ochoa por descifrar el código genético y sus estudios sobre la fosforilación.


A su regreso de Estados Unidos logró formar una escuela de científica que en la actualidad se encuentra repartida por España y el extranjero, «La Escuela de la Reencarnación de Grande«. Dirigió un total de 18 tesis doctorales. Gracias a los esfuerzos del Dr. Grande Covián los estudios de Bioquímica en la Universidad de Zaragoza recibieron un gran impulso. El núcleo que formó en el sótano de la Facultad y que constituía inicialmente una Sección del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias, se transformo posteriormente en el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Ciencias y con la Ley de Reforma Universitaria es lo que constituye hoy día el Departamento de Bioquímica, Biología Molecular y Celular de la Universidad de Zaragoza.

Actualmente existe la fundación que lleva su nombre que tiene entre sus principales fines el mantener su legado y continuar con la actividad científica que él nos brindó.


El Dr. Grande Covián, fue un gran divulgador de la ciencia de la nutrición, impartió cientos de conferencias y recibió un gran número de homenajes de la sociedad española e internacional. Ha sido sin duda uno de los grandes científicos del siglo XX. Su amigo y colaborador el Dr. Gregorio Varela dijo de él «El Dr. Grande Covián fue el hombre más bueno y más listo que he conocido«.

Quisiera acabar recordando unas palabras de don Paco con motivo de su biografía “Tengo por seguro, que la lectura de las vidas de personas que han contribuido con distinción a su campo de trabajo puede ser un poderoso estímulo y servir de orientación para aquellos jóvenes, cuya orientación no se ha definido todavía. Mucho me alegraría que la lectura de esta biografía sirviese para despertar el interés de la juventud española por mi campo de trabajo”. Yo quisiera que esta semblanza de la contribución científica del Profesor Grande Covián sirva para despertar el interés de los jóvenes por el campo de la Nutrición.


Referencias

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